chocolandia

14/05/2014

Una productora de chocolate que cumplió su sueño apostando por el comercio justo.

Sophi Tranchell, creadora de la empresa británica Divine Chocolate, es una mujer con convicciones. Esta mujer, que de joven combatió la discriminación racial en Sudáfrica y dio apoyo a numerosas causas sociales, hoy encontró la forma de unir sus dos pasiones: la búsqueda de una sociedad más igualitaria y el chocolate.

Hoy, a sus 49 años, Tranchell es impulsora del movimiento por un comercio justo en Inglaterra, el cual apunta a que los productores agrícolas de países en desarrollo obtengan mejores precios y condiciones laborales. Divine Chocolate, con base en Londres, no solo impulsa el comercio justo, sino que 45% de la compañía le pertenece a una cooperativa de cultivadores de cacao en Ghana. Esto implica que los campesinos ghaneses son recompensados por el cacao que producen y además tienen dos asientos en el directorio de la compañía.
Tranchell se propuso no solo hacer un chocolate delicioso y que atraiga a los paladares del gran público británico, sino demostrar con creces que las compañías que practican el comercio justo pueden ser exitosas. "Me interesa mucho la colaboración internacional justa. Si todos hacemos algo, podremos lograr una diferencia", afirma la comprometida empresaria.
"Creo que el movimiento contra el apartheid logró una diferencia, del mismo modo que el comercio justo puede producir un cambio. Estamos demostrando que se puede hacer negocios de una manera diferente, y hacerlo bien", reflexiona Tranchell, cuya compañía funciona en asociación con la cooperativa de cultivadores de cacao Kuapa Kokoo, de Ghana. El Departamento para el Desarrollo Internacional del gobierno británico reconoció el buen trabajo que Divine hace en África y le otorgó una garantía crediticia para que siga existiendo tal y como es.
Tranchell, que tenía poca experiencia previa dirigiendo la compañía, se dedicaba previamente a distribuir películas de cine extranjeras en todo el Reino Unido. Pero quizás su experiencia en el lanzamiento de campañas y su ímpetu le resultaron vitales para lograr que su producto social llegara a los supermercados británicos.
La crisis financiera global en 2008 resultó un duro impacto para la compañía y sus planes de comercio justo. "De pronto, todos los riesgos que temíamos ocurrieron al mismo tiempo", recuerda Tranchell, que aún así no se rindió, y no despidió ni a uno solo de sus trabajadores. Hoy crece un 8% al año y sigue ofreciendo sus chocolates sin negociar sus políticas.
Su directora, licenciada en Filosofía y Política en la Universidad de Warwick, siente que demostró que el activismo social y la prudencia financiera no son mutuamente excluyentes, y que es un claro ejemplo de que los sueños son posibles. "Manejar un negocio no es una ciencia", reflexiona. "Sólo tienes que estar encima y no gastar dinero que no tengas", agrega y anhela que su ejemplo inspire a otra gente a apostar por sus proyectos, aún contra los malos pronósticos de quienes los rodean.

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